Hola amigos! Espero que donde sea que se encuentren, estén bien, tranquilos, aprendiendo mas cada día, algo nuevo. Y si no es así… que estas esperando para crecer? Para darte cuenta lo que en realidad es importante?

Una de esas cosas importantes, es lo que piensas, te dices y sientes hacia ti mismo. Tu eres lo mas importante. Donde todo debe comenzar. Por eso, te dejo con esta reflexión, la encontré, me encanto y quise compartirla contigo.

¿Sabías que la falta de amor propio alimenta tus miedos? ¿Te has parado a pensar todo lo que depende de que te ames? ¿Te das cuenta del autoengaño al que te sometes cuando no te aceptas a ti mismo? ¿Y de la falta de autenticidad que genera? ¿Y qué piensas de la dependencia emocional a la que te somete?

Como ves, no amarse a uno mismo implica asumir una cantidad enorme de riesgos, lo que puede hacer de nuestra existencia algo terrible. Es decir, no conocernos ni aceptarnos ni respetarnos ocasiona que vivamos incómodos y que no disfrutemos de la vida que nos ha tocado vivir.

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Si deseas el amor verdadero, primero aprende a amarte

Nadie tiene la responsabilidad de completar lo que nos falta. Nos corresponde a nosotros encontrarnos y actuar conforme a lo que nos sucede en nuestro interior. Debemos promulgar los mismos valores que sentimos como propios y trabajar por escucharnos y fomentar nuestra autoestima.

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Solo de esta manera generaremos relaciones saludables a través de las cuales lograremos ser personas que aman de verdad y que son amadas sin dependencias. Es decir, solo si nos queremos y nos valoramos podremos forjar una unión vigorosa que no someta y que no sea sometida.

Deja de practicar los 4 hábitos que destruyen tu amor propio

La verdad es que, el amor propio está formado por grandes descubrimientos. No es fácil aprender a amarse. De hecho, solemos comenzar a hacerlo cuando algo nos hiere profundamente.

Así, lo habitual es que durante años maltratamos a nuestro Yo interior, boicoteándonos sin piedad practicando cuatro hábitos que merman la capacidad de querernos:

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  • Dar crédito a lo que piensan o dicen los demás. Lo que piensen los demás de ti es su historia, no la tuya. Esto puede resultar evidente.

Sin embargo, casi todos nosotros caemos en el error de mirar hacia la dirección que nos sugieren los demás. Trata de conectar con tus percepciones y dale valor a lo que encuentres

  • Victimizarte. Cuando pasamos por una dificultad tendemos a sentir lástima de nosotros mismos. Esto, obviamente, hace que nos resignemos y pensemos que no podemos hacer nada para arreglar lo que sucede.

Si dejamos de lamentarnos y empezamos a buscar soluciones, probablemente encontremos una oportunidad de hacerle frente a lo que viene. Esto nos ayudará a sentirnos más autoeficaces y, por tanto, satisfechos con nosotros mismos.

  • Exigirte más de la cuenta. Cuando nos queremos poco tendemos a ver la vida a través de modelos ideales. Digamos que nos olvidamos de las tonalidades grises y nos hacemos partidarios del blanco y el negro; es decir, si no somos los más guapos, los más delgados y los más exitosos, entonces somos unos fracasados. Sin embargo, pensar así es una trampa inconsciente que hace que siempre estemos en deuda con nosotros mismos.
  • Descalificarte. Hablarnos mal a nosotros mismos es otra manera más de autosabotaje. No te atrapes en ese tipo de mensajes, no los uses para excusarte. Permítete mirar tu reflejo de otra manera y avanza.

Lo importante es saber quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí, para lo cual solo tenemos que mirar en cuatro direcciones: hacia adelante para saber a dónde nos dirigimos, detrás para recordar de dónde venimos, debajo para no pisar a nadie y a los costados para saber quién nos acompaña y nos cuida.

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Por ultimo, te dejo con esta reflexión, que seguro cambia tu perspectiva:

Cuando me amé de verdad comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y, entonces, pude relajarme.

Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional no son sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a aceptar todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama… Madurez

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy se llama… Amor propio

Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los megaproyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es… Simplicidad y sencillez

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad

Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado y preocupándome por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece.
Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… Plenitud

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero, cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber vivir

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